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Colegiata

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Colegiata

La colegiata de Alquézar tiene su origen en una antigua fortaleza árabe fundada en el siglo IX por el caudillo musulmán Jalaf ibn Rasid ibn Asad para detener el avance de las tropas cristianas. En la actualidad se conservan las torres y murallas, así como el nombre del pueblo que viene del árabe al-qasr (la misma palabra de la que deriva el sustantivo alcázar).

En el siglo XI el rey de Aragón Sancho Ramírez conquista el castillo y edifica una iglesia románica de la que se conserva parte del claustro con capiteles historiados del antiguo testamento. Las paredes del mismo están decoradas con pinturas al fresco de los siglos XIV al XVIII, que narran escenas del nuevo testamento. Se trata del único claustro en Aragón que se conserva enteramente pintado.

La actual iglesia se construye en el siglo XVI y está dedicada a Santa María. Destacan el retablo policromado, de un estilo de transición entre el renacimiento y el barroco, las capillas, el órgano y la pieza más valorada, el Cristo de Lecina, un Cristo de transición entre el románico y el gótico, de madera pino y con cuatro clavos, uno en cada mano y en cada pie.

En la parte superior del claustro se encuentra el museo con retablos del siglo XV y otros valiosos cuadros.

LEYENDA DE LA DONCELLA DE BUERA

En el siglo IX la actual colegiata era una fortaleza árabe construida por el caudillo musulmán Jalaf ibn Rasid ibn Asad para detener el ataque de las tropas cristianas que les acechaban por el norte.

Según cuentan, el gobernador que por aquella época residía en la fortaleza tenía entre sus privilegios el poder disponer a su gusto de las doncellas más bellas de los pueblos cercanos.

Un día, una bella y valiente doncella de Buera que cuidaba al gobernador maquinó un plan con los cristianos para acabar con la vida de este.

Llegado el día, la doncella, en el moño que llevaba recogido el pelo, se escondió un puñal disfrazándolo de peineta. Dispuesta a cuidar y satisfacer al gobernador, llegada la noche le adormeció con sus caricias.

En ese momento ella con mucha valentía, sigilo y sangre fría sacó el puñal que escondía en el moño y seguidamente… rasss!!

Cortó la cabeza del gobernador y la sangre a borbotones se derramó por sus manos. Cogió un pañuelo que llevaba, lo empapó con la abundante sangre y se asomó con él por la ventana para que sus aliados vieran que había acabado con la vida del gobernador.

Entonces, envalentonados, fueron a la conquista del castillo. El ejército musulmán acorralado y descabezado ante la muerte del gobernador no sabía qué hacer. Nerviosos viendo que iban a ser apresados tomaron una drástica decisión. Fueron corriendo a por los caballos y con unas vendas les taparon los ojos, se montaron sobre ellos y cabalgaron al galope hacía el precipicio. Uno tras otro fueron cayendo hasta el fondo del barranco.

Así, los cristianos tomaron el castillo gracias a la bella doncella de Buera.

Hoy en día todavía se dice que algunas noches, si te acercas por los acantilados, se escucha el relinchar de los caballos y los alaridos de los soldados desde lo más hondo del barranco que rodea la colegiata.

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